• Adriana Alanis

EGIPTO - Equinoccio de Magia


SENSES

ABU SIMBEL

TEXTO Y FOTOS: ADRIANA ALANÍS




Puntualmente, cada 22 de febrero y 22 de octubre, tras el amanecer, la luz del Sol se desliza sigilosamente por las rendijas de la puerta del templo e ilumina el rostro del faraón Ramsés II, para alcanzar después a los dioses Horus y Amón Ra, situados a su izquierda y derecha, respectivamente. Curiosamente, la cara de la única divinidad que permanece en la penumbra, sin iluminarlo, es la de Ptah, el dios de la obscuridad.


Es 22 de octubre de 2009, cerca de las 6:00 de la mañana, y estoy en Abu Simbel, Egipto, bailando al Sol al ritmo de los tambores, con los danzantes del pueblo Nubio, quienes organizan espectáculos folclóricos llenando de color este lugar. Definitivamente, ¡aquí hay magia! La gente viene de todas partes a presenciar el milagro del equinoccio. Somos más de 2 mil personas, con la ilusión de dejarnos maravillar por este espectáculo de la naturaleza y la ingeniería que sucede, 2 veces al año, en el Templo de Ramsés II. Esto es una celebración a la vida, a la luz, al Sol, a la alegría, al amor y mientras bailaba, recuerdo que pensaba “¡wow! cómo llegué aquí, cómo un día hace muchos años lo vi en una revista, lo sentí, lo puse en mi mente y hoy estoy aquí esperando a que el Sol salga y haga su magia dentro del templo mientras bailo, gozo y, por supuesto, mientras tomo las fotos que tanto deseaba”.



‘EL SEGUNDO NACIMIENTO’



Este majestuoso templo fue descubierto en 1874 por la arqueóloga Amelia Edwards. En 1964 inició su traslado, para evitar que quedara sumergido bajo las aguas del Lago Nasser. Moverlo fue un evento de gran magnitud. De hecho, lo llaman “El segundo nacimiento de Abu Simbel” y se convocó a expertos de los 5 continentes del mundo. Los ingenieros de la UNESCO encargados de la misión de salvar el templo tuvieron en cuenta este famoso fenómeno de equinoccio y consiguieron que se repitiera en su nueva localización, varios metros por encima de su emplazamiento original, aunque con una pequeña modificación en la fecha, de un día, aunque se cree que en la antigüedad este fenómeno tenía lugar el 20 de octubre y el 20 de febrero coincidiendo con el aniversario del nacimiento y la coronación de Ramsés II. ¡El resultado fue maravilloso! Quien lo visita, sin conocer su traslado, no puede reconocer que el entorno y la montaña son artificiales. El conjunto es un prodigio de la tecnología del Antiguo Egipto y también de los avances de la segunda mitad del siglo 20 logrando así que este milagro pueda vivir unos 3 mil años más.



INEXPLICABLE AVANCE


Ramsés II fue uno de los más prolíficos y poderosos faraones egipcios. Es el protagonista absoluto del templo principal, precedido por una terraza donde se alzan los 4 colosos guardianes, de más de 20 metros cada uno. Ya en el interior del templo, donde no nos dejaron tomar fotos, aparece una gran sala de espectaculares columnas y un laberinto de pasadizos y cámaras decoradas con pinturas y relieves de escenas bélicas que narran las victorias de Ramsés II. Muy al fondo de la segunda sala se llega al santuario del templo, donde se alzan en la obscuridad la propia estatua del Faraón junto a los 3 dioses principales del panteón egipcio: Horus, Amón Ra y Ptah. Me parece increíble que después de tantos años, muchos seguimos fascinados con las maravillas de la cultura egipcia. Por lo menos yo no hacía más que preguntarme acerca de sus técnicas, de su construcción, de sus sofisticados y precisos cálculos, sus conocimientos astronómicos y su forma de vida. Es que cuando estás ahí no puedes evitar querer saber cómo lo hicieron, cómo hace tantos años tenían tanto avance. La respuesta nunca la tendremos. Es mejor rendirnos, contemplar y gozar esta gran herencia que nos dejaron.





EL MILAGRO DE RAMSÉS II


Aquel inolvidable 22 de octubre fue tanta la gente que vi, que de pronto me asusté y pensaba “tanto soñar con venir acá, para ver este tumulto, yo quiero estar hasta el frente, quiero ver todo en primera fila, no me quiero perder ni un detalle”. Era tanta mi emoción y mi concentración en tal evento que muy decidida y segura me puse a hablar en mi mente con el mismísimo faraón Ramsés II. Creo que nunca he contado esto, pero de verdad le pedí que me abriera el camino, le dije que yo quería vivirlo al 100, que era su templo y su territorio, que no me quería quedar atrás, que venía desde México y que quería tomar alguna foto mágica e inolvidable. ¿Y qué creen que pasó? Pues no tengo idea cómo, el camino se empezó abrir a mi paso, yo sólo sé que empecé a caminar y caminar hasta llegar al frente, iba con una amiga y ella caminaba conmigo, llegué adelante y había unas pequeñas pantallas donde se proyectaba el momento del equinoccio que sucedía adentro del templo y adonde nadie podía pasar.



CULTURA DE LUZ


Afuera había muchos hombres trajeados, había religiosos, gente de todo tipo y de todas partes, todos llenos de emoción y nos íbamos contagiando unos a otros. Así es como, poco a poco, la magia sucedía y todos veíamos por las pantallas cómo la luz de una forma perfecta y suave se iba posando sobre cada uno de los 3 dioses, menos el de la obscuridad. Al mismo tiempo, la gente gritaba de emoción, como si algo estuviera naciendo, aplaudían, bailaban, ¡y muchos hasta se abrazaban! Yo estaba tomando fotos de los Danzantes Nubios cuando viene uno de ellos, el de más alto rango, derechito a mí y se me queda viendo, me extiende su mano y me invita a bailar con ellos estas adoraciones al Sol. Yo no sabía si llevarme mi cámara, dársela a mi amiga o qué hacer, pero pensé rápido y, por fortuna, me la llevé conmigo. Así que yo bailaba mientras tomaba fotos y de verdad pensaba “wow, éste es un momento histórico en mi vida, no cabe duda que por designio de los dioses esta ceremonia sagrada se sigue repitiendo año con año y hoy más de 2 mil personas que venimos de todas partes estamos aquí y ahora contagiados de su cultura, de su historia y de su amor a la vida”. En pleno siglo 21, esta cultura sigue mostrándonos su belleza, su inteligencia, sigue dándonos alegría, luz, sigue enseñándonos que la vida es creer en la magia, creer que sí se puede, creer que si soñamos algo lo podemos hacer, lo podemos tener, lo podemos vivir.


Abu Simbel está situado a unos 900 kilómetros al sur de El Cairo. Los templos fueron excavados en roca, en honor a Ramsés II y su esposa favorita Nefertari. En pleno desierto Nubio, éstos datan de hace más de 3 mil 200 años. Para llegar ahí, lo más fácil es tomar un tour, de una forma segura, en avión privado y así llegar justo antes del amanecer.



‘Abu Simbel es la guinda de todo recorrido por el país de los faraones. No te pierdas el último gran tesoro que aguarda el Nilo. Vivirlo en equinoccio es una gran experiencia de vida’


Contáctame

Monterrey, Nuevo León, México, 2018. adriana@once21.com  |  Tel: 818 654 6046

  • Instagram - Negro Círculo
  • Facebook - Círculo Negro