• Adriana Alanis

EL ROSTRO DE CUBA

Actualizado: 27 de sep de 2018

SENSES

Testimonio de pasión y fuerza

TEXTO Y FOTOS: ADRIANA ALANÍS


Hace 10 años me enamoré de Cuba, pero, sobre todo me enamoré de su gente y de su hospitalidad. Te sientes en casa desde el primer día. Un pueblo que te atrapa y hace cambiar tu manera de ser y de pensar, una alegría que contagia y una energía que supera las condiciones que les ha tocado vivir. Definitivamente no lo tienen todo, pero una de las cosas que más admiro de ellos, es la gracia, el humor, y el arte con el que han sabido salir adelante, han aprendido a ser felices con lo que tienen, a bailar bajo cualquier circunstancia, a ser solidarios, sensibles y humanos.


Desde entonces, voy cada año y cada vez que llego, siento la emoción de la primera vez. Nada más pongo un pie abajo del avión y siento ese olor tan particular que tiene, ese aire cálido y esa vibra que me llega al corazón.


Siempre supe que esa isla sería parte importante de mi vida, pero sobre todo de mi formación como fotógrafa. Cuba tiene algo difícil de explicar, cuando alguien va por primera vez, me encanta preguntarles que qué fue lo que más les gustó, y siempre me dicen no sé, me gustó todo, tiene algo especial, muero por volver!. Y creo que me pasa lo mismo, y es que tiene magia, tiene vibra, encanto, color, y mucha historia en cada uno de sus rincones. Por eso pienso que a Cuba no hay que entenderla, solo hay que vivirla, sentirla y gozarla,

Me encanta recorrer la Habana Vieja, detenerme a platicar con la gente, que me cuenten historias, a veces me quedo horas escuchando anécdotas de la revolución, compartiendo un trago de ron, y observo como les cae la luz del atardecer en sus rostros y mientras los escucho no puedo evitar hacer fotografías con mi mente y cuando lo creo oportuno saco mi cámara y sutilmente hago lo mío, mientras ellos felices me siguen contando, y así se nos pasan horas compartiendo lo más valioso que todos tenemos: el tiempo.



LA REFLEXIÓN DEL TIEMPO


Me conquistaron sus atardeceres caprichosos en el malecón; a veces son rojos, con rosa, naranja y un azul profundo. Se me grabó para siempre el olor del café por las mañanas, el ruido de las calles que no duermen. Me fascinaron sus mañanas en el campo con olor a tabaco. Me sorprendió su arquitectura, sus colores. Amo ver a los niños caminando libres por las calles cuando van o salen de la escuela, ¡es uno de mis momentos favoritos para documentar! Se respira un ambiente que eriza todos los vellos del cuerpo, tiene una energía que traspasa el corazón y te obliga a detenerte, a respirar y sentir el aquí y el ahora.

Cuba me pone a reflexionar, me mueve muchas emociones, me hace pensar sobre el valor del tiempo, de las cosas, el valor de la familia, de los amigos. Qué tanto necesitamos para ser felices?, a qué le damos más valor en nuestra vida? Cuándo fue la última vez que platicaste con un extraño? Cuando fue la última vez que te detuviste a ver las estrellas? Cuando estoy ahí, el tiempo me rinde más, es como si me regalaran horas extras y como hay muy poco acceso a internet, te obliga a estar presente, a desconectarte, a valorar y entender el contraste entre el pasado y el presente.



No sabemos cuanto más va a durar Cuba así, a veces parece que avanza rápido y a veces que da unos pasos para atrás. Lo que sí sé es que vale muchísimo el tomarse el tiempo de conocer esta joya, esta reliquia de lugar, darse la oportunidad de aprender de este pequeño pero impresionante país que si algo sabe hacer bien desde mi punto de vista, es dar lecciones de vida.



CULTURA POR DOQUIER



Otra de las cosas que me encanta hacer, además de la fotografía, es la música ¡y definitivamente bailar! Cuba es conocida, en todo el mundo, especialmente por su música. La música es un elemento importante de la sociedad y los estilos tradicionales siguen siendo populares e influyentes. Es la tierra del danzón, del bolero, de las sonoras, del mambo, de grandes artistas, reconocidos cantantes, músicos, deportistas, escritores, poetas. Es la tierra que Ernest Hemingway escogió para escribir “El Viejo y el Mar”. Por donde caminas hay arte, música, danza y algo nuevo que aprender.

La cultura es muy diversa, compleja y fascinante. Con múltiples influencias distintas a lo largo de su historia (europea, estadounidense, africana) se ha dado forma a una particular identidad nacional.


Cuba no es sólo una tierra de gran belleza. Como lo decía anteriormente también tiene un pueblo que, a pesar de todas las dificultades económicas, sigue siendo cálido, hospitalario, humano; son fuertes, sanos, solidarios y educados. Son sencillos y alegres, les gusta la bohemia, son cultos, letrados, francos y, por supuesto, siempre te abrirán sus puertas y te harán sentir en familia. Su lujo es que, a pesar de las limitaciones, tienen pasión, fuerza, sensibilidad y entusiasmo corriendo por sus venas,

Me gusta observar a los niños jugar, ver cómo la gente aún tiene tiempo para dedicarle a los demás, para jugar dominó, para contemplar la vida. Disfruto la diversidad de su físico, que va desde morenos, rubios, altos, bajitos, son todos tan diferentes, están muy mezclados y eso es lo que los hace tan interesantes y únicos, puedes encontrar cualquier color de piel, de ojos y de cabello, y creo que todo eso es lo que nos tiene a los fotógrafos locos con este lugar lleno de historias y rostros por retratar.




RINCONES POR DESCUBRIR


Además de La Habana, a lo largo de estos años he podido conocer y recorrer algunas ciudades emblemáticas y te vas dando cuenta que cada una tiene un sello tan particular. Una de las más visitadas y amadas es Trinidad, un hermoso pueblo con calles empedradas y casitas de colores.


Cuando conocí Cienfuegos me quedé impactada con su arquitectura con estilo marroquí y sus calles tan limpias. Viñales es un sueño, es el campo lleno de sembradío se tabaco y café, con montañas y algunas cascadas, recorrerlo a caballo al atardecer mientras hueles la tierra húmeda me hace sentir tan viva y tan vibrante. Y así, cada pequeño lugar tiene su encanto, pero al final Cuba tiene la misma esencia: La de seguir sorprendiéndote desde cada rincón de sus casi 110 mil km2.




Y es que visitar Cuba es como viajar en el tiempo a los años 50: Coches de época, un ambiente relajado y una vida sin prisas.

Sin lugar a dudas Cuba tiene atardeceres que se tatúan sin tinta. Tiene la magia de transportarte a otra época, pero sobre todo, te da la oportunidad de aprender a valorar todo lo que tienes, de agradecer hasta lo más mínimo que das por hecho, y te enseña que nunca es tarde para empezar a ver la vida con ojos nuevos.


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